TANTRA

LOS TRES CENTROS Y EL TANTRA

El tantra es una palabra que ha sido empleada durante muchos años por occidentales para designar la apertura, o la desninhibición, o la expresión sexual. Podríamos decir que el tantra es mucho más que eso…

A través de la palabra tantra se han designado muchos otros conceptos, muy entroncados con la libertad sexual pero con poco en común con el tantra. Trataré de realizar un pequeño bosquejo para que puedas dilucidad el mundo que se te abre como aspirante a la práctica tantrica.

El tantra considera que el ser humano es un ser dividido, no es único en si mismo sino que dentro de él existen una infinidad de seres que se sienten únicos, tal como sucede en la humanidad, pues el tantra considera que lo mismo que es arriba es abajo, así como miras, así te ves, así como haces, así te hacen.

Aprender a descubrir lo sagrado en todos y cada uno de los puntos de nuestra vida es un trabajo duro y difícil, ya que el ser humano tiene la tendencia a no ser capaz de poner una atención desnuda sobre la vida, sino que su tendencia neurótica es tratar de controlar, dominar y cambiar todo cuanto ve para que se transforme a una imagen neurótica y castradoramente idealizada de si mismo.

Aprender también que dentro de nosotros existen tres cerebros definidos, el cerebro que piensa, el cerebro que se emociona y el cerebro que actúa o siente. aprender que por ahora sólo tenemos constancia del cerebro que piensa y los otros los hemos relegado a un estado de inanición bastante precario. El cerebro que piensa trata de hacer, emocionarse y sentir. Como el cerebro que piensa no ha sido creado para tales menesteres nos aboca a constantes frustraciones. Es una frustración antigua, lejana y cercana a la vez, es como una idea recurrente, a pesar de todo lo que pueda decir nuestra “carcaza” dentro de uno, en la navidad de la vacuidad siente el fracaso de si mismo, la incapacidad de integrarse y de Ser. Trata, así, de “cambiarse” de forma (la mayoría de las veces) totalmente infructuosa, pues al final, siempre hay algo, en el silencio de la noche que le habla de su incapacidad de completarse.

Una de las mejores formas de “integrarse” en todo el Yo Esencial es a través de los tres cerebros, pues estos confieren al cuerpo, a la mente y al corazón la capacidad o la incapacidad de desarrollarse hacia el Ser.

Aprender a desarrollar los tres centros por igual y saber que funciones debe hacer cada uno, es un proceso apasionante que nos lleva a conocernos y comprendernos, liberarnos e integrarnos como seres múltiples. Cada cerebro tiene su función, esas funciones para las cuales ha sido creado. Nuestro trabajo aquí es afinar esos tres canales para abrirnos y expandirnos, ampliarnos hacia la armonía.

Todo ello nos llevará poco a poco a percibir el mundo tal como es. Cuando nuestros tres centros funcionan correctamente, el mundo se filtra a través de nosotros con mayor claridad y sin irregularidades de comunicación. Así, podemos percibir la "realidad" del mundo. Así, como decimos que lo mismo que es arriba es abajo, al ver el mundo tal como es, nos podemos ver tal y como somos.

Uno de los mayores errores a la hora de realizar un trabajo sobre uno mismo es pasarse el tiempo tratando de transformarse en lo que ve uno de si mismo. En ningún momento se plantea la posibilidad de que lo que está viendo uno puede no ser real. Parece real, pero no tiene porque serlo.

No es cuestión de cambiarnos a nosotros mismos sino vernos tal cual somos.

El trabajo pues, es enseñar a cada uno de los centros su verdadero cometido en nuestro organismo. El cerebro mental aprender a pensar, el cerebro emocional aprender a tener emociones y el cerebro corporal aprender a tomar la acción, a moverse.

Para ello el tantra usa tres herramientas importantísimas, cada una dedicada al trabajo de cada uno de los centros.

dedicado al trabajo con el cerebro emocional.

dedicado al trabajo con el centro corporal.

dedicado al trabajo del centro mental.

A partir de aquí la comida está servida, cada uno de estros tres caminos precisa dedicación y entusiasmo, así como un maestro que puede guiar los ciclos por los que se transita en el paso hacia el redescubrimiento de nosotros mismos.


TANTRA BLANCO

Es el tantra que más podemos llegar a conoces, es el tantra dedicado a la meditación, a la abstracción, a la contemplación y la profundización de uno mismo. Suelen practicarlo los monjes y religiosos y precisa de mucha disciplina. Es un trabajo individual y que trata de conocer nuestro interno, entrar en las profundidades de nosotros mismos sin influencias externas. Se utilizan ciertas posturas (ashanas) para moldear el cuerpo. El objetivo es parar la mente hasta conseguir la vacuidad, conseguir el silencio o la orientación de la atención hacia si mismo hasta encontrar el vacío de la esencia. Centrado en la espiritualidad. También es la forma de recoger, recogerse sobre uno mismo, crear el núcleo o descubrirlo. Centrarse hacia Yo impertérrito y constante. Busca a la vez el sobrecogimiento de la visión del Yo, el reencuentro de lo olvidado, la búsqueda de la identidad primera.


TANTRA ROJO

Es un tantra más físico que espiritual. La atención se pone en el cuerpo, y siempre el trabajo es físico a través del movimiento y la unión. La unión sobre todo a través de los sentidos: vista, olfato, oído, tacto y gusto. Es un yoga que se hace en pareja a través de la energía opuesta que impera en uno mismo. Es una danza de los opuestos, una inclusión de ti al mundo, a todo. El tantra rojo se abre a la experimentación en un trasvase de energías interno/externa como si de una danza Shiva/Shakti se tratara, una danza de lo masculino y lo femenino tantra ínterpsiquico como intrapsiquico, el un intento de disolución del yo creado por el tantra blanco. Las pasiones forman parte del Tantra rojo, la vida y la muerte danzas en un mismo sistema.

Una vez creada la identidad real a través del tantra blanco, el tantra rojo se encarga de expandirlo hacia el opuesto, diluirlo en el mundo del todo, manteniéndose en su esencia pero en constante cambio.


TANTRA NEGRO

Un tantra poderoso que solo llega a alcanzar adeptos de las anteriores dos disciplina del tantra. Es el tantra de la conciencia, el tantra de la utilización del poder mental a través de la voluntad. La capacidad, a través de ejercicios y prácticas de dominar y utilizar la atención y la voluntad. Es un tantra que precisa de mucha conciencia despierta hacia el bien pues es como una espada, un arma de doble filo. Es la capacidad de infundir voluntad sobre otros a través del conocimiento de los otros.

Por ello es importante mantener este tantra “oculto” es la parte esotérica del tantra. así como el tantra blanco es un tantra exotérico (accesible) el tantra rojo es mesotérico, es decir, un punto de equilibrio, el término medio entre el exotérico y el esotérico. Un conocimiento, enseñanza o práctica que, sin ser totalmente público tampoco es totalmente reservado.

La práctica del tantra es mucho más que un acercamiento occidentalizado de la liberación sexual, es la liberación del ser, la comprensión y compenetración del Yo Esencial en un Yo colectivo. El amor en estado puro, la vinculación del Yo Real al Mundo Real.

El practicante este arte trata de elaborarse a través de los tres tantras, volviendo una y otra vez sobre ellos para comprender y liberar. Un tátrico que centre toda su atención sobre el tantra rojo acabará engullido por la propia energia corporal. Así también con el tatra blanco o negro, el equilibrio entre las tres herramientas nos dará la posibilidad de montarnos en ese carro cual alegoría gurdjeffiana del carruaje, donde los caballos son el centro emocional (tantra blanco) el carro es el centro corporal (tantra rojo) y el cochero es el centro mental (tantra negro). El Yo es ese "Ser" que sube en el carruaje, pues la función del cochero, los caballos y el carro es llevar a "alguien". Sé ese alguien. 


LA PASIÓN Y LA COMPASIÓN

¿Que es la pasión?

El deseo intenso hacia la vida.

La pasión es el arte de vivir la vida intensamente, los griegos, ya en la antigüedad, hablaban de la pasión como un baremo de la vida vivida. Esto es, cuando fallecía alguien no preguntaban si sus obras habían sido buenas o si su éxito había sido grande, por el contrario preguntaban: ¿Vivió con pasión? Pues consideraban que los momentos vividos sin pasión eran momentos estériles y faltos de pulsión vital.

A menudo, cuando hablamos de la pasión sentimos el recelo propio de pensar que ello sólo nos lleva al descontrol y la dominación del instinto y, en parte, así es. La pasión ha sido relegada al cuarto oscuro de las cosas que queremos dejar y que sobreviene sólo para hacernos pasar malos ratos. De esa forma, hemos relegado al rincón de los desechos una de las fuerzas mas sanadores de que dispone nuestro ser: La instintibidad.

El instinto vinculado al niño, a la parte más intuitiva, a la naturaleza animal del ser humano. “El instinto es inocente” sobre él la mente ha volcado todos sus miedos y dudas y, como consecuencia, está enterrando su potencial de unión con su ser sabio y profundo.

Muchas veces es nuestra razón la que no está preparada para explorar la pasión, vivir la vida que sentimos, romper esquemas establecidos, romper con nuestras rutinas que nos encierran en una espiral de pseudo-comodidad, monotonía y píldoras placebo.

Acercarnos a nuestra pasión, a descubrir cuáles son los impulsos más profundos que nos inspiran es una de las claves para encontrar la realización del Ser a través de la apertura y el aprendizaje de este fascinante elemento, eje central de grandes logros.

La pasión nos permite contactar con nuestro propio placer, disfrute y capacidad sanadora propia

¿Qué es la compasión?

Ver al otro, sentir al otro hasta que el otro es uno mismo.

La compasión forma parte del centro del plexo solar, relacionado con el chakra del corazón, lo femenino y etimológicamente proviene del latín cumpassio, traducción del vocablo griego (sympathia), literalmente “sufrir juntos” sentir las emociones del otro. Muchas veces nuestra resistencia a vernos es la resistencia a sufrir e irremisiblemente caemos en un sufrimiento latente, en una lucha por salir de ahí. La compasión como tal nos permite aprender del sufrimiento, no a crearlo, sino a ver el sufrimiento que negamos sentir. La aceptación del sufrimiento nos posibilita hacia la comprensión y la sanación.

Estar en armonía con nosotros mismos, como decía Pabro de Tarso ”reír con los que ríen y llorar con los que lloran”. La sinceridad de la compasión nos permite, a través de la entrega, profundizar en nosotros mismos y, en la medida que conocemos, podemos comprender. El amor consciente no es un estado enajenado de conciencia sino la expresa claridad del conocimiento real del sufrimiento del alma común que nos convierte en partes de un mismo núcleo. En la medida que me veo puedo ver. Los prejuicios y los miedos hacia estados de culpa y de rechazo sobre nosotros mismos, nos hacen sucumbir a las expectativas de lo que “queremos ver” en lugar de ser observadores de la vida.

La capacidad de entender el estado emocional del otro, la capacidad no de comprenderlo, sino algo más profundo, de sentir su propia emoción, vivirla por simpatía. Es la capacidad de que dos cuerpos se fusionen creando uno nuevo. En Tantra es el elemento necesario para crear el Maituna y la sanación del espíritu. Literalmente “ver” al otro en toda su profundidad. Es la emanación sublime del amor, es la consecuencia de un trabajo tántrico bien desarrollado en el que la fusión con el cosmos nos lleva a romper las barreras del ego e identificarnos en el propio universo.

La compasión malinterpetrada muchas veces como un estado de lástima hacia seres inferiores ha sido relegada a monasterios y/o ambientes holísticos sin potenciar su enorme utilidad.

Lo que es dentro es fuera. La capacidad de ver y hacer hacia afuera se convertirá en la capacidad de ver y hacer hacia dentro. Sentir pasión hacia nuestra propia vida, hacia nuestra propia búsqueda interior y compasión ante nuestra pobre y sufriente identificación neurótica, fiel y abnegada nos acercará al estado requerido por el tantra como el estado de Spanda, el estado de la expansión hacia afuera, no buscando lo que necesitamos sino ofreciendo lo que ya tenemos. El Spanda invita al movimiento místico de hacer el amor al mundo, como reflejo de nuestro propio entorno interior.

Las herramientas que utiliza el tantra tienen como finalidad la disolución de la identificación con el Yo aparente a la espera del Ser. Mediante técnicas que componen los movimientos corporales, la respiración, mudras, mantras y visualizaciones exploramos nuestras partes más esenciales en la búsqueda de la Emanaciones del conocimiento del Ser, punto de unión con la vida despierta. En el Tantra occidental trabajamos, no para cambiar nuestra estructura definida, sino para “ver” la estructura real que hay en nosotros,  su utilidad para nuestros fines elevados y la no identificación hacia lo que no somos, a la espera de ver brotar nuestro ser divino.

EL TANTRA Y LAS RELACIONES

¿Por qué es tan difícil relacionarse?

Relacionarse es una de las cosas más grandes de la vida: relacionarse significa amar, relacionarse significa compartir. Pero antes de poder compartir, debes tener. Y antes de poder amar debes estar lleno de amor, desbordarte de amor.

Dos semillas no pueden relacionarse, están cerradas. Dos flores sí pueden relacionarse: están abiertas, pueden ofrecerse su fragancia mutuamente, pueden bailar al mismo sol y al mismo viento, pueden tener un diálogo, pueden susurrar.

Millones de personas deciden no crecer. Permanecen como semillas. No saben lo que es realizar el propio potencial, no saben lo que es la autorrealización, no saben nada sobre ser. Viven completamente vacíos.

El marido posee a la mujer, la mujer posee al marido, los padres poseen a los hijos y así sucesivamente. Pero poseer no es relacionarse. De hecho, poseer es destruir todas las posibilidades de relacionarse.

Si te relacionas, respetas; no puedes poseer.

La semilla está más segura que la flor. La flor es frágil. La semilla parece más fuerte. La semilla está protegida. Pero permaneces como semilla es permanecer muerto, permanecer como una semilla es no vivir en absoluto. Es seguro, desde luego, pero no tiene vida.

Relacionarse es explorar, explorar la conciencia del otro, explorar  el territorio del otro. Pero cuando exploras el territorio del otro tienes que permitir y acoger que el otro te explore a ti.

Primero sé, luego te puedes relacionar y recuerda, relacionarse es bello.

Medita, encuentra tu propio centro. Antes de poder relacionarte con el otro de forma íntima y nutridora tienes que aprender a relacionarte contigo mismo.  Esto no significa que no puedas trabajar las relaciones con los demás, puedes hacerlo a la par. No trates de aislarte, hay que trabajar con lo que hay, con lo que la vida te ha ofrecido. No hay situaciones ideales, y buscarlas no sirve de nada. Trabaja contigo seas como seas y con tu pareja sea ella como sea, está contigo porque tienes muchas cosas que aprender con ella.

Cuando dos personas se encuentran, se crea un mundo nuevo.

Dos personas se encuentran, eso significa que se encuentran dos mundos. Cada persona es un mundo en sí misma, un complejo misterio con un largo pasado.

Al principio sólo se encuentran las periferias. Pero si la relación se vuelve íntima, se vuelve más cercana, se vuelve más profunda, entonces poco a poco los centros comienzan a encontrarse. Cuando los centros se encuentran, se llama amor.

Cuando se encuentran las periferias, no son amantes, son conocidos.  Este tipo de conocimiento no es amor.

El amor es muy excepcional. Llegar a conocer a una persona en su centro es atravesar tú mismo una revolución, porque  si quieres encontrar a una persona en su centro, tendrás que permitir que esa persona llegue también a tu centro. Tendrás que volverte vulnerable, absolutamente vulnerable, abierto.

Por eso nunca nos abrimos.

Somos sólo conocidos y pensamos que ha sucedido el amor. Se encuentran las periferias y pensamos que nos hemos encontrado. La periferia es el lugar donde tú acabas y comienza el mundo.

Incluso maridos y mujeres que puede que hayan vivido juntos durante muchos años quizá sean sólo conocidos. Puede que no se hayan conocido mutuamente.

Así que lo primero que hay que comprender es: no confundas el conocimiento superficial con el amor. Puede que estéis haciendo el amor, puede que os relacionéis sexualmente, pero también el sexo es periférico. A no ser que se encuentren los centros, el sexo es tan sólo un encuentro de dos cuerpos. También el sexo sigue siendo un conocimiento superficial, físico, corporal,  pero aún superficial.

Sólo puedes permitir que alguien entre en tu centro cuando no tienes miedo.

Así que te digo que hay dos maneras de vivir. Una se basa en el miedo, la otra se basa en el amor. La vida basada en el miedo nunca te puede llevar a una relación profunda. Permaneces asustado, y no puedes dejar que la otra persona entre en ti. Te dejas que entre hasta cierto punto, y entonces surge una pared y todo se detiene.

La persona que tiende al amor es alguien que no tiene miedo al futuro, que no tiene miedo al resultado y a la consecuencia, que vive aquí y ahora.

Si puedes estar en este momento, este momento presente, este estado presente, la plenitud, sólo entonces puedes amar.

El amor es un florecimiento excepcional.

Cuando no tienes miedo, no tienes nada que ocultar, entonces puede estar abierto. Y recuerda, si permites que alguien entre profundamente en ti, el otro te permitirá entrar en él o ella, porque cuando permites que alguien entre en ti se crea confianza. Cuando no tienes miedo, el otro también pierde su miedo.

El vuestro amor, siempre está presente el miedo. El marido tiene miedo de la mujer, la mujer tiene miedo al marido. Los amantes siempre tienen miedo. Entonces no es amor. Entonces es tan sólo un apaño de dos personas asustadas que dependen mutuamente, y  se pelean, se explotan, manipulan, controlan, dominan, poseen, pero no es amor.

Cuando dos centros se encuentran, hay amor. Y el amor es un fenómeno alquímico.

Cuando dos  centros se encuentran, se crea una cosa nueva. Esa nueva cosa es amor. 

La satisfacción profunda es el signo visible del  amor. Cuando una persona ama, tiene una satisfacción profunda.

El amor hace que ya no tengas deseos, pero el deseo viene con la insatisfacción. Deseas porque tienes. Deseas porque piensas que si tienes algo te dará satisfacción. El deseo viene de la insatisfacción.

Cuando hay amor y dos centros se han unido y disuelto y fundido, y ha nacido una nueva cualidad alquímica, hay  satisfacción.

Tienes que destruir todo lo que crea barreras en ti.

Haz del amor un Sadhana, una disciplina interna. No dejes que sea tan sólo una ocupación de la mente. No dejes que sea tan sólo una satisfacción corporal. Haz que sea una búsqueda interna, y  toma al otro como una ayuda, como un amigo.



ENAMÓRATE.

Y deja que el otro penetre en ti sin poner ninguna condición. Y de pronto el otro desaparece, y Dios está ahí.

Cada persona es un misterio tal que si entras más y más en su interior verás que no tiene fin.

El amor es un descubrimiento a cada momento. Un querer redescubrir al otro en cada momento. Es una actitud de querer ir al centro de la profundidad. A menudo se pierde ese centro, pero lo importante es ser consciente de que nuestro lugar está en ese centro, y así algunas veces mejor que otras conseguiremos crear el espacio íntimo para llegar al amor que deseamos y necesitamos. Podemos decir que es cuestión de práctica, de querer “volver al amor”.

Y lo último que hay que recordar es: en la relación amorosa siempre echas  la culpa al otro de cualquier cosa que va mal. Si algo no va como debiera, el otro es el responsable. Esto destruirá cualquier posibilidad de crecimiento futuro.

Recuerda: tú eres siempre el responsable, y  cámbiate a ti mismo. Deja esas cualidades que crean problemas. Haz que el amor sea una autotransformación.

En el mundo de la relación y el amor, eres tú siempre el que está equivocado, el otro siempre tiene razón.

Y esto es lo que los amantes sienten siempre. Si hay amor, siempre sienten: “debo estar equivocado”, si las cosas no van como deberían. ¡Y los dos sienten lo mismo! Entonces todo crece, entonces los centros se abren, entonces los límites se fusionan.

Pero si pensáis que el otro está equivocado, te cierras a ti mismo y al otro. Y el otro también piensa que tú estás equivocado. Los pensamientos son contagiosos. Si piensas que el otro está equivocado, incluso si no lo has dicho, incluso si estás sonriendo y mostrando que no piensas que el otro esté equivocado… el otro se ha dado cuenta, por tus gestos, por tu cara. Incluso si eres actor, un gran actor, y puedes componer tu cara, tus gestos como quieras, también entonces el inconsciente está dando señales continuamente: “estás equivocado”.

La relación se destruye en ese escollo, y la gente se cierra. Si le dices a alguien que está equivocado, empieza a proteger, a salvaguardar. Y se cierra.

Recuerda siempre: en el amor siempre eres tú el equivocado. Y entonces la posibilidad se abrirá, y el otro sentirá lo mismo. Creamos las sensación en el otro. Cuando los amantes están cerrados, inmediatamente hay pensamientos que saltan del uno al otro. Incluso si no están diciendo nada, si están en silencio, se comunican.

El lenguaje es para los que no son amantes, para los que no aman. Para los amantes, el silencio es un lenguaje suficiente. Sin decir nada, siguen hablando.

Si te tomas el amor como no digas que el otro está equivocado. Tan sólo trata de descubrir: en alguna parte debes estar equivocado en algo, y entonces abandona esa equivocación.

Va a ser difícil porque va a ir en contra el ego. Va a ser difícil porque herirá tu orgullo. No serás más poderoso poseyendo al otro. Esto destruirá tu ego, por eso va a ser difícil.

Pero de la destrucción del ego es de lo que se trata.

En la personalidad hay tres niveles, los dos primeros forman parte del ego. En lo externo está lo que PRETENDO SER, está ligado a la supervivencia, a la imagen que ofrecemos ante los demás.

El segundo nivel, un poco más profundo está lo que TEMO SER, lo que no quiero que los demás sepan de mí. Una mentira no reconocida como la anterior.

En el tercer nivel más profundo, está lo que UNO ES en realidad. El Ser.

El requisito básico es que hay que dar al otro libertad absoluta para que sea él mismo.

Si está feliz, alégrate, está feliz. Si puedes estar feliz y participar en su felicidad, bien. Si no puedes, déjalo solo. Si  está triste, si puedes participar en su tristeza, bien. Si no puedes participar y te apetece cantar y  te sientes feliz, déjalo solo. No lo arrastres con lo que tú quieres; déjalo a su aire. Así, poco a poco, surge un gran respeto mutuo. Este respeto se vuelve el cimiento del templo del amor.

 

EL CUERPO

El Tantra enseña a reverenciar el cuerpo, a amar y respetar el cuerpo, a tener gratitud por el cuerpo. El cuerpo es maravilloso. Es el mayor de los misterios.

Pero te han enseñado a estar en contra del cuerpo. Así que a veces te quedas muy perplejo ante un árbol verde, a veces te quedas perplejo ante la Luna y el Sol, a veces te quedas perplejo ante una flor, pero nunca te quedas perplejo ante tu propio cuerpo. Y tu cuerpo es el fenómeno más complejo de la existencia. Ninguna flor, ningún árbol tiene un cuerpo tan bello como tú. Ninguna Luna, ningún Sol, ninguna estrella tiene un mecanismo tan revolucionario como el tuyo.

Lo primero que hay que aprender es a respetar el cuerpo, a olvidar todas las tonterías  que te han enseñado sobre el cuerpo. De otra forma nunca entrarás en la acción, y nunca entrarás en ti. Empieza por el principio. El cuerpo es tu principio.

El cuerpo se ha envenenado porque has estado contra él; lo has reprimido de muchas formas. Tu cuerpo está existiendo al mínimo nivel, por eso eres tan desdichado. El Tantra dice que la dicha sólo es posible cuando existes al máximo nivel, nunca antes. La dicha sólo es posible cuando vives intensamente. ¿Cómo vas a vivir intensamente si estás en contra de tu cuerpo?.

Estás siempre tibio. A lo largo de los siglos has destruido el fuego. Hay que reavivar el fuego. El Tantra dice: primero purifica el cuerpo, purifícalo de todas las represiones. Deja que fluya la energía del cuerpo, elimina todo lo que lo bloquea.

Es difícil encontrar una persona que no tenga la energía bloqueada, es muy difícil encontrar una persona cuyo cuerpo no esté tenso. Afloja esa tensión, esa tensión está bloqueando tu  energía. No puede fluir con esa tensión.

El Tantra dice: aprende de los gatos, cómo duermen, cómo se relajan, cómo viven sin tensiones. El mundo animal vive de esa manera, sin tensiones. El hombre tiene que aprenderlo, porque el hombre ha sido condicionado erróneamente.

Desde la misma infancia te han programado para estar tenso. No respiras, por miedo. Por miedo a la sexualidad la gente no respira, porque cuando respiras profundamente, tu respiración va exactamente al centro sexual y lo activa, lo masajea desde dentro, lo excita. Como te han enseñado que el sexo es peligroso, todo niño empieza a respirar de manera superficial, colgado sólo en el pecho. Nunca va más allá del pecho, porque si va más allá, de pronto hay excitación: se excita la sexualidad y surge el miedo. En cuanto respiras profundamente, se libera energía sexual.

La energía sexual tiene que ser liberada. Tiene que fluir por todo tu ser. Entonces tu cuerpo se volverá orgásmico. No es por accidente que tanto el yoga como el Tantra enseñan a respirar profundamente, para descargar a tus pulmones del dióxido de carbono. El dióxido de carbono no es para ti, hay que eliminarlo continuamente. Tienes que respirar aire nuevo, fresco, tienes que respirar oxígeno. El oxígeno creará tu fuego interno. Pero el oxígeno inflamará también su sexualidad.

Hay que hacerse amigo del cuerpo, dice el Tantra.

¿Tocas tu cuerpo alguna vez? ¿Sientes tu cuerpo alguna vez?

El Tantra te enseña lo primero: sé amoroso con tu cuerpo, hazte amigo de tu cuerpo, honra tu cuerpo, respeta tu  cuerpo, cuida tu cuerpo, es el regalo de Dios. Trátalo bien, y te revelará grandes misterios. Todo tu crecimiento depende de cómo te relaciones con tu cuerpo.

Y luego, lo segundo de lo que habla el Tantra es de los sentidos. Así que el Tantra enseña que los sentidos son las puertas de la percepción.

Toca, huele, saborea, ve, oye totalmente.

Toca más a la gente. No disfrutamos el ser de los demás.

Acércate a un árbol, tócalo. Toca la roca. Vete al río, deja que fluya

 

El Tantra no niega nada sino que lo transforma.

 

El día entero es un adiestramiento para la sensibilidad. Utiliza todas las posibilidades.

Si sólo damos o sólo recibimos nos desequilibramos.


LA DUALIDAD

Los opuestos se atraen, de ahí la necesidad del trabajo de la sexualidad consciente El femenino, en la medida que puede descubrir su auténtica feminidad y fundirse en ella, atraerá a un masculino sano y deseoso de fusión, tanto a nivel interno como externo.

El trabajo de la polaridad sexual en la filosofía tántrica nos propone un ejercicio de dualidad hacia la no dualidad, es decir, descubrir nuestro opuesto para acercarnos a él y así caminar juntos creando una tercera fuerza que une las dos y crea un cuerpo nuevo, una no dualidad.

Actualmente está de moda que los hombres se vuelvan más femeninos para poder acercarse a las mujeres y las mujeres más masculinas para poder desenvolverse en esta sociedad competitiva. Es un error absurdo que se ha fomentado debido a la obsesión por la neutralidad (confundiéndola con la igualdad), que partiendo de buenas intenciones pretende crear a un ser humano plano, con escalas de valores en relación a emociones “buenas o malas”. No puedo más que augurar buenas y largas amistades sobre aquellas parejas que tratan de vivir el verde y placentero estado de somnolencia, hacia un estado que no es ni femenino ni masculino, ni tan siquiera andrógino, sino asexual, sin polaridad, sin pasión y sin compasión, sólo en un constante ensoñamiento. El tántrico venera la polaridad sexual pues ella le une. El movimiento tántrico, aunque pueda haber experimentado un auge dudoso, no es ni mucho menos New Age, o al menos relacionado a la mayoría de las propuestas de la nueva era, sino que, partiendo de unas enseñanzas milenarias, se consolida como un trabajo de integración del cielo y el infierno en nosotros, convivir en él y encontrar nuestro Yo en cada uno de los espacios cambiantes que experimenta la vivencia de las polaridades energéticas. Así mismo, el objetivo es crear un eje estable sobre el que dancen las energías cósmicas.

El Tantra propone llegar a la interrelación con nuestros opuestos, reconocer las diferentes energías que operan en nuestro interior. El masculino acercarse al femenino y el femenino dejar que el masculino se acerque. Así como lo de dentro es afuera, así como lo de arriba es abajo, así nuestra actitud exterior supeditará nuestra actitud interior. 

 


Gerard Castelló Duran. Terapeuta y formador.
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